En un curioso caso registrado después de un transplante de corazón, resulta que el receptor del corazón empezó con una rara obsesión por comida chatarra, en este caso unas frituras llamadas “Burger Rings” (unos aros fritos sabor hamburguesa).

El receptor nunca fue fan de esta comida, pero después de recibir el corazón, en lo único que podía pensar era en comer ese alimento.

Resulta que el donador comía esos Burger Rings a diario…

Con esto se sigue descubriendo que no sólo el cerebro guarda recuerdos, también otros órganos.

Ahora imagínense que ustedes odian, por ejemplo el brócoli, y por necesidad les transplantan algún órgano de un amante del brócoli…. ironías de la vida… 😉

* con información del Daily Mail.