Hay que tener en cuenta los gustos propios… uno crea su propia tabla de quesos y a lo mejor tu tabla no sería igual si la diseñara tu pareja, tu papá o la persona que te invita a cenar.

Un paso fundamental para saber qué poner es probar quesos… muchos quesos!

Recordemos que el queso es un “ser viviente” por así decirlo porque según va envejeciendo sus sabores se van acentuando, su textura cambia y también su color y olor. Eso lo hace más o menos interesante, dependiendo del queso obviamente.

Quesos Un ejemplo: el queso brie (en la foto a la izq.), cuando es “joven” su capa externa es todavía un poco suave, y al cortarlo el centro se desparrama hermosamente… mientras pasa el tiempo la costra se endurece cada vez más y el centro sigue suave pero no tanto… que rico!!

Otro tip, es que hay que preguntarle al que vende los quesos qué nos recomienda, decirle lo que nos gusta y lo que no; obviamente necesitamos ir a una tienda especializada en la que nos puedan guiar. Lamentablemente en la mayoría de los supermercados de hoy no hay esa facilidad, pero en las tiendas delicatessen nos pueden ayudar.

Lo ideal es tener variedad de quesos, pero manteniéndolo simple. Lo recomendable es tener quesos de diferentes texturas: suaves, duros, semiduros; también de diferentes niveles de sabor desde los sabores más suaves hasta los más fuertes. También se puede jugar con el tipo de leche con el que están hechos y hasta el color!

En general se podría decir que hay que tener este tipo de quesos: suave, semiduro, duro y algún queso azul. En general se puede decir que hay que calcular de 100 a 150 gr. de queso por persona.

Otros acompañantes para poner en nuestra tabla: frutas frescas, frutas secas, nueces, miel, variedad de panes. Y el acompañante ideal para cerrar: buen vino.

Ah! y recuerden sacar el queso del refrigerador 1 ó 2 horas antes de servirlos, así toman su mejor sabor.